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«Vladimir, ¡respóndenos!», reclaman a Putin madres y esposas de soldados movilizados

Internacionales 25 de noviembre de 2022 Mila Matos Mila Matos
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Madres y esposas de soldados rusos movilizados en Ucrania han unido fuerzas para exigirle al presidente Vladimir Putin que cumpla sus promesas, en unos videos ampliamente compartidos en internet.

El Kremlin, tras ordenar una movilización parcial en septiembre, aseguró que los centenares de miles de efectivos enrolados serían debidamente entrenados, recibirían equipos apropiados y no serían enviados a primera línea del frente.

Unas promesas que se han revelado en gran parte vanas: hay soldados movilizados que han muerto en el frente, se han reclutado hombres no aptos, como padres de familia y personas de edad avanzada; los equipos adecuados escasean y muchos de los movilizados no han recibido formación militar.

Un reclutamiento desordenado que obligó a las autoridades a admitir «errores» y que ha despertado inquietud entre los familiares de los enviados a Ucrania.

Esa preocupación, que podría derivar en descontento social, ha puesto al Kremlin en una posición delicada: aunque las autoridades repriman de forma implacable cualquier cuestionamiento de la ofensiva en Ucrania, la voz de las esposas de los soldados es sagrada y si fueran encarceladas, el impacto en la sociedad sería notable.

En una muestra de que el gobierno se está tomando en serio el asunto, Putin ha previsto reunirse este viernes, por primera vez, con madres de militares enviados a Ucrania. Pero hay quien apunta que la reunión estará organizada al detalle y que carecerá de cualquier discusión de calado.

Putin se encontrará con «madres que se ha sacado de la manga, que formularán las preguntas adecuadas y le darán las gracias, como siempre», lamenta Olga Tsukanova, madre de un joven que está haciendo el servicio militar. 

«Vladimir Valdimirovich, ¡responde a nuestras preguntas!», lanza la mujer, que quiere asegurarse de que su hijo, de 20 años, no será enviado ilegalmente al frente o a la frontera con Ucrania, donde también caen obuses.

Vino adrede a Moscú desde la ciudad de Samara, a 900 km más al este, con la esperanza de ser recibida en el Kremlin. En vano. «Me imagino que tienen miedo de que haga preguntas molestas. ¡Pero hay que solucionar este problema!», señala.

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