¿Ya bostezaste? Descubre por qué es contagioso hasta con solo leerlo
¿Alguna vez has bostezado después de ver a otra persona hacerlo? Incluso leer sobre este comportamiento puede provocar las mismas ganas. Este fenómeno, conocido como bostezo contagioso, ha despertado el interés de científicos que buscan comprender por qué ocurre.
De acuerdo con una publicación de BBC Mundo, basada en una investigación de la Universidad de Nottingham, el bostezo contagioso está relacionado con respuestas involuntarias del cerebro, especialmente con la actividad de la corteza motora, una región que participa en el control de los movimientos.
Los investigadores encontraron que la tendencia a imitar un bostezo podría estar vinculada con un mecanismo cerebral que se activa al observar determinadas acciones de otras personas.
Pero no es necesario ver a alguien bostezar para experimentar esta reacción. Según explica El País, escuchar un bostezo, pensar en él o incluso leer repetidamente la palabra puede despertar el impulso de hacerlo.
Esto ocurre porque el cerebro puede reaccionar ante la representación mental de una acción, aunque no la estemos presenciando directamente.
Por otro lado, Maldita Ciencia señala que, aunque existen distintas investigaciones sobre este comportamiento, todavía no se conoce con certeza por qué los bostezos se contagian. Algunas teorías lo relacionan con la imitación involuntaria y los mecanismos de interacción social.
Durante años también se ha estudiado una posible relación entre el bostezo contagioso y la empatía. Sin embargo, los resultados científicos no son concluyentes, por lo que no se puede afirmar que una persona sea más empática simplemente porque bostece al ver a otra.
En cuanto al bostezo en general, National Geographic recoge investigaciones que plantean que podría contribuir a regular la temperatura del cerebro, aunque esta explicación tampoco resuelve por completo el fenómeno del contagio.
Así, bostezar al observar a alguien, escuchar un bostezo o simplemente leer sobre el tema es una reacción que puede producirse de manera involuntaria, incluso cuando no sentimos sueño.
Aunque los científicos han identificado posibles mecanismos cerebrales relacionados con este comportamiento, su explicación definitiva continúa siendo objeto de estudio