¿Qué es mejor para recuperar los músculos después del ejercicio: agua fría o caliente?
Los baños de agua fría no ofrecieron una ventaja significativa frente al calor o al reposo para recuperar la fuerza muscular después de ejercicio intenso, según un estudio liderado por la Universidad de East London y publicado en la revista Journal of Thermal Biology.
La investigación evaluó a 40 adultos sanos y físicamente activos, distribuidos aleatoriamente en cuatro grupos, y analizó su recuperación durante las 72 horas posteriores a una sesión diseñada para provocar daño muscular temporal y dolor de aparición tardía.
Los participantes recibieron una de cuatro intervenciones: inmersión en agua caliente a 42 grados Celsius durante 30 minutos; agua fría a nueve grados durante 15 minutos; exposición a aire caliente a 30 grados durante media hora o reposo a temperatura ambiente.
Inmediatamente después del ejercicio, la fuerza disminuyó aproximadamente un 36 % en todos los grupos. Aunque mejoró progresivamente durante el seguimiento, los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre las estrategias en la recuperación de fuerza a las 72 horas.
El calor produjo cambios biológicos
Los tratamientos con calor sí generaron respuestas fisiológicas diferentes. Los investigadores observaron un aumento de la proteína de choque térmico HSP72, relacionada con mecanismos de protección celular, y una normalización más rápida de ciertos indicadores de daño muscular frente al grupo de agua fría.
Sin embargo, esos cambios no se tradujeron en una recuperación superior de la fuerza ni en una reducción significativamente mayor del dolor durante los tres días evaluados, explicó la universidad en un comunicado.
Freya Bayne, autora principal del trabajo y docente de ciencias del deporte y el ejercicio, destacó que las respuestas biológicas del organismo no necesariamente producen mejoras inmediatas en el rendimiento físico.
Resultados limitados a una sesión
El estudio analizó una sola sesión de ejercicio, con diez participantes por grupo y un seguimiento de tres días. Por ello, sus resultados no permiten establecer qué estrategia sería más eficaz con aplicaciones repetidas o en otras poblaciones.
Los hallazgos tampoco demuestran que los baños de hielo carezcan de utilidad en cualquier contexto: indican que, bajo las condiciones evaluadas, no mostraron superioridad para restablecer la fuerza muscular. Los investigadores plantearon la necesidad de estudiar los posibles efectos del calor a largo plazo.