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El papa habla de salud, críticas y su futuro

Internacionales 25 de enero de 2023 Mila Matos Mila Matos
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 El papa Francisco dice que ni siquiera se le ha ocurrido introducir normas para regular renuncias papales futuras, y que continuará mientras pueda como obispo de Roma pese a una oleada de críticas de algunos cardenales y obispos de alto rango.

En su primera entrevista desde la muerte el 31 de diciembre del papa emérito Benedicto XVI, Francisco habló sobre su salud, sus críticos y la próxima fase de su pontificado, que cumple su 10mo aniversario en marzo sin la sombra de Benedicto en un segundo plano.

“Estoy bien de salud. Por la edad que tengo, estoy normal”, dijo el martes el pontífice de 86 años, aunque indicó que la diverticulosis, bolsas que se forman en la pared del intestino, había “vuelto”.

En 2021 se le extirparon a Francisco 33 centímetros (10 pulgadas) de intestino grueso por lo que el Vaticano describió como una inflación causada por un estrechamiento del colon. Añadió que una pequeña fractura en la rodilla por una caída se había curado sin cirugía, tras un tratamiento con láser y magnetoterapia.

“Puedo morir mañana, pero vamos, está controlado. De salud estoy bien”, dijo a The Associated Press con su ironía habitual. Las especulaciones sobre la salud de Francisco y el futuro de su pontificado no han hecho más que crecer desde la muerte de Benedicto, cuya renuncia en 2013 marcó un punto de inflexión para la Iglesia católica, como primer pontífice que renunciaba en seis siglos.

Algunos expertos creen que Francisco podría verse más libre para maniobrar ahora que Benedicto, que pasó los 10 años de su retiro en el Vaticano, ya no está.

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Otros sugieren que cualquier clase de paz eclesiástica que hubiera ha terminado y que ahora Francisco está más expuesto a las críticas, privado de la influencia moderadora que jugaba Benedicto a la hora de mantener a raya a los católicos más conservadores. El papa reconoció que había opiniones encontradas, pero pareció casi optimista al respecto.

“Yo no lo relacionaría con Benedicto, sino por el desgaste del gobierno de diez años”, dijo sobre su papado. Su elección fue recibida primero con “sorpresa” por la designación de un papa suramericano, dijo.

Después llegó la incomodidad “cuando empiezan a ver los defectos que yo tengo, (…) no les gusta”, dijo. “Yo lo único que pido es que me las hagan en la cara, porque así crecemos todos ¿no?”, añadió. Francisco elogió el “señorío” de Benedicto, y dijo que con su muerte, “perdí un papá”. “Para mí era una seguridad frente a una duda, pedir el auto e ir hasta el monasterio y preguntar”, dijo sobre sus visitas a la casa de retiro de Benedicto para buscar consejo.

“Yo perdí a un buen compañero”. Algunos cardenales y abogados canónicos han dicho que el Vaticano debe regular las jubilaciones futuras de papas para evitar algunos contratiempos registrados durante el retiro inesperadamente largo de Benedicto, en el que el papa emérito siguió siendo un punto de referencia para algunos conservadores y tradicionalistas que se negaban a reconocer la legitimidad de Francisco.

Desde el nombre elegido por Benedicto, papa emérito, a las ropas blancas que llevaba en sus ocasionales apariciones públicas, en las que habló del celibato de los sacerdotes y abusos sexuales, esos expertos señalaron que las normas debían dejar claro que sólo hay un papa regente, por el bien de la unidad de la Iglesia.

Francisco dijo que ni siquiera había pensado en esas normas. “No se me ocurrió. Le digo la verdad”, comentó, añadiendo que el Vaticano necesita más experiencia con papas retirados para “regularizar más o reglamentar más”. Francisco ha dicho que Benedicto “abrió la puerta” a futuras renuncias y que él también lo consideraría.

El martes reiteró que si renunciara, llevaría el cargo de obispo emérito de Roma y viviría en la residencia para sacerdotes retirados en la diócesis de Roma.

El papa describió como “una buena solución intermedia” la decisión de Benedicto de instalarse en un monasterio reconvertido en los Jardines Vaticanos, pero que quizá en el futuro, otros papas podrían querer hacer las cosas de otra manera. “Él todavía era esclavo, entre comillas, de un papa, ¿no?”, dijo Francisco. “De la visión de un papa, de un sistema.

Esclavo en el sentido bueno de la palabra. En el que no era del todo libre, como quizás hubiera querido él volver a su Alemania y seguir desde ahí estudiando teología”. Podría decirse que la muerte de Benedicto elimina el principal obstáculo para que Francisco renuncie, dado que la perspectiva de tener dos papas jubilados nunca fue una opción.

Pero Francisco dijo que la muerte de su predecesor no había cambiado sus planes. “Incluso no se me ocurrió hacer testamento sobre mí”, comentó.

En el corto plazo, Francisco recalcó su papel como “obispo de Roma” en contraste con la figura de papa y dijo que sus planes eran “continuar con ser obispo, obispo de Roma y en comunión con todos los obispos del mundo“. Indicó que quería eliminar el concepto del papado como una “corte”.

El papa también abordó las críticas de cardenales y obispos conocidas en las semanas desde la muerte de Benedicto, algo que describió como incómodo, “como la urticaria, que molesta un poquito”, pero que lo prefiere a que se mantengan en silencio. “Uno prefiere que no las haya (las críticas).

Para tranquilidad, vaya”, apuntó. “Pero prefiero que las hagan, porque eso quiere decir que hay libertad para hablar”. “Si no es así, se engendra una dictadura de la distancia, que lo llamo, donde el emperador está allí y nadie le puede decir nada. No, que digan, porque la compañía, la crítica, ayuda a crecer y a que vayan bien las cosas”, añadió.

La primera lanza en la oleada de ataques llegó del que fuera secretario de Benedicto por muchos años, el arzobispo Georg Gaenswein, que dejó al descubierto el resentimiento acumulado durante los últimos 10 años en un revelador libro de memorias publicado en los primeros días tras el funeral de Benedicto.

En una de las partes más controvertidas, Gaenswein reveló que Benedicto se enteró por el diario del Vaticano L’Osservatore Romano de que Francisco había revocado una de las decisiones litúrgicas más señaladas del papa emérito y reimpuesto las restricciones sobre celebrar la misa en latín.

Unos días después de que se publicaran las memorias, el Vaticano se vio remecido de nuevo por la muerte de otro líder conservador, el cardenal George Pell, y las revelaciones de que Pell había escrito un devastador memorando que circuló el año pasado, y que había descrito el pontificado de Francisco como “un desastre” y “una catástrofe”.

El texto, que circuló en principio con el pseudónimo “Demos”, enumeraba todos los problemas en el Vaticano bajo el mando de Francisco, desde sus precarias finanzas al estilo de predicar del pontífice, e incluía una lista de qué podría hacer un papa futuro para arreglarlos.

Francisco reconoció las críticas de Pell, pero de todos modos le elogió por haber sido su “mano derecha” a la hora de reformar las finanzas del Vaticano y su primer ministro de Economía. “Dicen que al final me criticó. Bueno, tiene derecho, la crítica es un derecho humano”, comentó Francisco. “Un gran tipo. Grande”.

 

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