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title: "¿Por qué disminuye el apetito cuando hace calor?"
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date_published: "2026-08-22T09:50:00-04:00"
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tags:
  - "apetito"
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author_name: "Lenissa Flores"
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author_bio: "Periodista de Grupo Burgos Multimedios"
category_name: "Curiosidades"
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# ¿Por qué disminuye el apetito cuando hace calor?

En muchas ocasiones, las altas temperaturas del verano hacen que disminuya el apetito y que prefiramos alimentos frescos y ligeros. Esta reacción no es un simple capricho, sino que responde a una “pura supervivencia térmica”, un mecanismo de defensa que utiliza el organismo para hacer frente al calor.

“Al ser animales homeotermos, el organismo lucha por mantener una temperatura interna de entre 36,5 y 37 °C, lo que obliga al hipotálamo a activar la vasodilatación y la sudoración. De este modo, la necesidad de enfriar el cuerpo prevalece sobre el hambre, lo que regula de forma automática nuestras demandas de comida”.

Así lo explican en un comunicado Fernando Mata Ordóñez, profesor de Fisiología y Nutrición de la Universidad Europea, y Cristina López de la Torre, directora del Departamento de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea de Andalucía.

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Los platos tradicionales más contundentes, como el cocido o un potaje, suelen quedar fuera de los menús durante el verano, debido a que “digerir comidas pesadas deja de ser una prioridad para el cuerpo, ya que el simple hecho de procesar los alimentos genera calor interno y nos hace sentir más acalorados”, apunta Cristina López de la Torre.

La preferencia por un helado, una ensalada o una bebida fresca frente a otras alternativas también tiene una explicación. Durante los meses de verano existe un importante componente sensorial que influye en la elección de alimentos fríos.

Según el profesor Mata Ordóñez, “la temperatura de la comida modifica de inmediato nuestra percepción en el cerebro a través de los receptores TRPM8, que son sensibles al frío”.

Esta estimulación nerviosa produce una sensación inmediata de alivio térmico en los circuitos de recompensa. El mecanismo es tan intenso que también causa el dolor de cabeza momentáneo conocido popularmente como “cerebro congelado” cuando se consume algo muy frío.

La disminución del apetito durante el verano también guarda relación con el descanso.

López de la Torre señala que la alimentación habitual durante esta época está estrechamente vinculada con la cronobiología y con los cambios en el descanso que ocasiona el calor durante la noche.

Dormir de manera inadecuada altera directamente hormonas importantes como el cortisol, la melatonina, la grelina y la leptina, lo que puede influir en las decisiones relacionadas con la alimentación.

«Una mala noche de sueño altera nuestras preferencias al día siguiente, incrementando la búsqueda de alimentos rápidos y azucarados, aunque el calor reduzca el apetito global», apunta.

Además de disminuir el apetito, las altas temperaturas pueden provocar mayor cansancio y sensación de fatiga, especialmente durante los episodios de calor intenso.

El profesor Mata Ordóñez destaca que consumir agua resulta fundamental para combatir el cansancio provocado por las olas de calor. También recomienda priorizar la ingesta de líquidos mediante sopas frías y alimentos como la sandía o el gazpacho, ya que el aporte de sodio y minerales favorece considerablemente la absorción del agua en las células.

Esta sensación de fatiga también está relacionada con el esfuerzo adicional que realiza el sistema cardiovascular para mantener fresco el organismo.

Según López de la Torre, este descenso de energía no responde necesariamente a una falta de azúcar en la sangre, sino que suele producirse como consecuencia de la vasodilatación y de una ligera disminución de la tensión.

«Las bebidas muy azucaradas pueden empeorar la hidratación al aumentar la carga en el estómago, ya que el verdadero problema ante el calor extremo no es de glucosa, sino de equilibrio hídrico», precisa.

Finalmente, los especialistas de la Universidad Europea advierten sobre la importancia de mantener una hidratación adecuada durante los días de altas temperaturas: “No debemos guiarnos únicamente por la sensación de sed, ya que esta aparece cuando ya existe cierto grado de deshidratación, un mecanismo que además está muy atenuado en las personas mayores”.

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