
España adopta nuevas medidas para proteger a trabajadores del calor extremo
Internacionales08/07/2026
Celia SantanaLas altas temperaturas y las olas de calor cada vez más intensas han obligado a España a reforzar las medidas de protección para los trabajadores expuestos al sol. Desde pulseras térmicas que alertan sobre un posible golpe de calor hasta jornadas laborales más cortas y pausas obligatorias para hidratarse, empresas y administraciones buscan reducir los riesgos asociados al calor extremo.
Considerado uno de los países europeos más afectados por el cambio climático, España ha endurecido sus protocolos de prevención tras registrarse varias muertes de trabajadores relacionadas con las altas temperaturas en los últimos años.

En Barcelona, antes de las 10:00 de la mañana el calor ya se hace sentir. Mientras realiza labores de jardinería, Antonio Reina, de 54 años, lleva una de las 1,400 pulseras térmicas distribuidas este año por el Ayuntamiento entre los empleados que trabajan al aire libre.
“Es un elemento más de seguridad. Como se supone que pita antes de que tú tengas síntomas, te permite salirte de la zona de trabajo donde estés, beber agua y ponerte a la sombra”, explicó el trabajador a la AFP.
Estos dispositivos, similares a un reloj digital sin pantalla, incorporan un sensor que monitorea la temperatura corporal. Cuando detectan que el trabajador se aproxima a niveles peligrosos, emiten una alerta sonora y luminosa para prevenir un golpe de calor.
Además del uso de estas pulseras, el Ayuntamiento adelantó y redujo los horarios de verano para sus empleados. El protocolo también contempla descansos periódicos para hidratarse, el uso de gorras refrigerantes y la prohibición de realizar labores en solitario.
Jornadas más cortas para evitar el calor
En Madrid, donde las temperaturas durante las olas de calor superan con frecuencia los 38 grados Celsius, varias empresas también han adaptado sus horarios. Eli de Sousa, propietario de una empresa dedicada a la instalación de paneles solares, explicó que sus trabajadores comienzan la jornada a las 7:00 de la mañana y finalizan alrededor de la 1:00 de la tarde.
“Tenemos que parar sí o sí porque es imposible trabajar con ese calor”, comentó. Además, indicó que los empleados disponen de agua fría en todo momento y que, si las temperaturas son extremas, las labores se suspenden para retomarlas otro día. Una medida similar aplica la empresa donde trabaja Juan Carlos Rodríguez, de 56 años, quien instala equipos de telecomunicaciones en azoteas.
“Cada cierto tiempo tenemos que bajar a refrescarnos un poquito y a hidratarnos. Trabajamos con arnés y otros equipos de seguridad, así que llega un momento en que necesitas quitártelos y descansar”, relató mientras hacía una pausa junto a su vehículo.
Cambios legales tras varias muertes
España cuenta desde la década de 1990 con una normativa que establece que la temperatura en los espacios de trabajo cerrados no debe superar los 27 grados Celsius. Sin embargo, esa disposición no siempre se cumple, como han denunciado recientemente trabajadores y docentes en distintos centros educativos.
El fallecimiento de un operario de limpieza de 60 años por un golpe de calor en Madrid, en julio de 2022, marcó un punto de inflexión. Según Carmen Mancheño, coordinadora de Salud Laboral del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), ese caso impulsó cambios tanto en la sociedad como en el Gobierno.
Como respuesta, en 2023 se aprobó una normativa que obliga a las empresas a adaptar las jornadas laborales cuando existan alertas meteorológicas por calor, evitando que los trabajadores realicen tareas al aire libre durante las horas de mayor riesgo.
La regulación también exige que las compañías cuenten con protocolos específicos cuando la Agencia Estatal de Meteorología emita alertas naranjas o rojas por altas temperaturas.
Un cumplimiento aún desigual
Aunque estas medidas se aplican ampliamente en sectores como la construcción y los servicios municipales de limpieza, su cumplimiento sigue siendo limitado en otras actividades, advirtió Mancheño.
La especialista también señaló que los llamados permisos climáticos, creados tras las inundaciones de Valencia en 2024 para permitir la ausencia laboral ante fenómenos meteorológicos extremos, resultan difíciles de aplicar durante las olas de calor, ya que estas no impiden, en principio, el desplazamiento al trabajo. Mientras tanto, miles de personas continúan desempeñando sus labores bajo temperaturas sofocantes. “Solo queda beber agua, echarte un poco de agua en la cara y aguantar, no hay otra”, afirmó Fernando García, de 64 años, quien atiende diariamente su quiosco de helados en la Gran Vía de Madrid.
Ante este escenario, la ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz, insistió recientemente en que “en el siglo XXI nadie debe enfermar ni morir en su puesto de trabajo”.
Como parte de esa estrategia, el Ministerio de Trabajo duplicó las sanciones impuestas a empresas por incumplimientos relacionados con la protección frente al calor, que pasaron de 706,419 euros en 2022 a cerca de 1.6 millones de euros en 2025, reflejando que el reto de garantizar condiciones laborales seguras aún persiste.




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