
Morderse las uñas es una conducta frecuente que afecta entre el 20 % y el 30 % de la población y suele estar relacionada con el estrés, el aburrimiento y la ansiedad. Aunque muchas personas la consideran una costumbre inofensiva, puede favorecer la entrada de microorganismos al organismo y provocar lesiones en dedos, uñas, dientes y encías.
El riesgo está relacionado principalmente con la cantidad de bacterias que pueden acumularse debajo de las uñas. Las manos están constantemente en contacto con superficies y objetos, mientras que el área subungueal puede concentrar una carga microbiana mayor que otras zonas de la piel.
La exposición a estos microorganismos también puede reflejarse en la boca de quienes mantienen este hábito. Una investigación realizada en Turquía en 2007 encontró enterobacterias en el 76 % de las personas que se mordían las uñas, frente al 26,5 % de quienes no tenían esa costumbre.
Otro estudio publicado en 2017 también encontró una diferencia entre ambos grupos, al detectar Enterobacteriaceae en el 58 % de los mordedores crónicos y en el 16 % de las personas que no se mordían las uñas. Estos resultados sugieren una posible relación entre el hábito y una mayor presencia de determinadas bacterias en la cavidad oral.
Los daños tampoco se limitan a la higiene, ya que morderse las uñas de manera repetitiva puede provocar uñas excesivamente cortas, cutículas desgarradas y lesiones alrededor de los dedos. También pueden aparecer sangrados, surcos, fragilidad de las uñas y cicatrices en la matriz ungueal.
La presión constante al morder puede desgastar los dientes y ocasionar lesiones en las encías. Además, cuando la piel alrededor de las uñas resulta dañada, aumenta el riesgo de infecciones en los dedos.
Dejar de morderse las uñas puede ser difícil porque la conducta suele convertirse en una respuesta automática ante situaciones de ansiedad, estrés o aburrimiento. Especialistas recomiendan identificar los momentos que desencadenan el hábito y sustituirlo por otras conductas mediante estrategias de terapia conductual.
Entre las medidas prácticas para reducir la costumbre están mantener las uñas cortas, utilizar esmaltes amargos diseñados para desalentar la mordida y mantener una adecuada higiene debajo de las uñas. Si el hábito persiste o provoca lesiones, dolor o signos de infección, se recomienda consultar con un profesional de la salud.



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