Marco Rubio busca respaldo de cancilleres del G7 en París para la estrategia de EE.UU. contra Irán

Internacionales27/03/2026Celia SantanaCelia Santana

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, participa este viernes en Francia en la reunión de cancilleres del Grupo de los Siete (G7), celebrada en la Abadía de Vaux de Cernay, en un contexto de crecientes tensiones entre Washington y sus aliados por la ofensiva militar contra Irán y su impacto en el mercado energético global.

Rubio partió el jueves hacia el encuentro, ubicado a unos cuarenta kilómetros al suroeste de París, en lo que constituye su primer viaje al exterior desde el inicio de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero,  la reunión se desarrolla en medio de divisiones dentro del bloque, que, según fuentes diplomáticas, alcanzan su nivel más alto en más de una década.

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Antes de su salida, el secretario de Estado subrayó la relevancia estratégica del estrecho de Ormuz, afectado por la escalada militar, “Los demás países obtienen mucho más combustible de ahí que nosotros”, afirmó, este paso marítimo concentra cerca de un quinto del petróleo crudo y del gas natural licuado que circula a nivel global, y su cierre ha provocado una de las mayores perturbaciones energéticas de las últimas décadas.

Rubio también se refirió a los contactos indirectos con Teherán y reconoció avances en las conversaciones a través de países intermediarios, aunque evitó ofrecer plazos concretos. En paralelo, el enviado especial Steve Witkoff confirmó que Washington mantiene canales de comunicación con Irán mediante Pakistán.

Desde Teherán, las señales han sido contradictorias. Medios iraníes informaron que la República Islámica rechazó una propuesta de alto el fuego y presentó una contrapropuesta de cinco puntos, entre los que figura un eventual control del estrecho de Ormuz, lo que incrementaría aún más la presión sobre el comercio energético mundial.

Las diferencias entre Estados Unidos y Europa marcaron la antesala del encuentro. El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, calificó el conflicto como una “catástrofe para las economías del mundo” y señaló que Europa no fue consultada previamente sobre el inicio de la ofensiva. En la misma línea, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, afirmó días atrás que “esta no es la guerra de Europa”.

Los demás miembros del G7 expresaron su expectativa de una salida diplomática, sin manifestar respaldo público a la acción militar impulsada por Washington. La primera jornada del encuentro, a la que Rubio no asistió, ya evidenció estas diferencias.

En Washington, el presidente Donald Trump endureció su postura durante la reunión de gabinete del jueves. Aseguró que la operación militar avanza más rápido de lo previsto y minimizó la dependencia de Estados Unidos del estrecho de Ormuz, destacando sus niveles de producción energética. También reiteró críticas a los aliados de la OTAN por la falta de apoyo.

En ese mismo encuentro, Rubio defendió la intervención y afirmó que la acción no solo responde a intereses estadounidenses, sino que también busca un impacto global.

La agenda del G7 incluye además la guerra en Ucrania, cuyas negociaciones permanecen estancadas. Gobiernos europeos han expresado preocupación ante un posible acercamiento entre Washington y Moscú que derive en presiones sobre Kiev para aceptar un acuerdo desfavorable antes de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.

Una fuente diplomática italiana indicó que los países europeos insistirán en mantener las sanciones contra Rusia y reforzar el apoyo militar a Ucrania. El canciller ucraniano participará en las conversaciones en busca de respaldo político y estratégico.

El encuentro también cuenta con la presencia de ministros de Brasil, India, Corea del Sur y Arabia Saudita, países que desempeñan un papel clave en la estabilidad energética y en los equilibrios diplomáticos internacionales en un escenario de alta volatilidad.

Francia, que ejerce la presidencia rotatoria del G7, utiliza esta reunión para preparar la cumbre de líderes prevista para junio en los Alpes, en un contexto marcado por las crisis en Medio Oriente y Europa del Este.

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