
Cada 22 de junio se conmemora el Día Internacional de los Bosques Tropicales, una fecha establecida en 1999 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el objetivo de concienciar sobre la importancia de estos ecosistemas para la vida en el planeta.
Los bosques tropicales desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima global, debido a su capacidad para absorber grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera. Esta función los convierte en aliados clave en la lucha contra el cambio climático y en la preservación del equilibrio ambiental.

Sin embargo, especialistas y organismos internacionales advierten que estos ecosistemas enfrentan serias amenazas derivadas de la actividad humana, entre ellas la deforestación, la fragmentación de hábitats y la pérdida de biodiversidad. Según datos difundidos en el marco de esta conmemoración, cada año desaparecen alrededor de 10 millones de hectáreas de bosques en el mundo, una situación que genera preocupación entre las entidades dedicadas a la conservación ambiental.
Para este año, la campaña internacional se desarrolla bajo el lema “El año de la acción”, una iniciativa que busca incentivar a gobiernos, organizaciones y ciudadanos a adoptar medidas concretas para garantizar la protección y recuperación de los bosques tropicales, considerados esenciales para un futuro sostenible.
Los bosques tropicales se caracterizan por desarrollarse en regiones de altas temperaturas y elevada humedad, condiciones que favorecen una extraordinaria diversidad biológica. Se estima que albergan más de 15 millones de especies de árboles, arbustos y plantas trepadoras, además de una amplia variedad de fauna que depende de estos hábitats para su supervivencia.
Estos ecosistemas se encuentran principalmente entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, cerca de la línea ecuatorial, en zonas de América del Sur, África y el sudeste asiático. Su conservación es considerada una prioridad mundial debido a su aporte a la estabilidad climática, la protección de la biodiversidad y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.




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