
La neurocisticercosis es una infección parasitaria que puede afectar el sistema nervioso central y producir complicaciones neurológicas, incluso cuando la persona permanece durante largos períodos sin presentar síntomas.
La enfermedad es provocada por la fase larvaria de la Taenia solium, conocida como la tenia o solitaria del cerdo. La infección ocurre cuando una persona ingiere huevos del parásito, generalmente a través de agua o alimentos contaminados con materia fecal de una persona portadora de la tenia, o por una higiene deficiente.
Una vez ingeridos, los huevos pueden liberar larvas que atraviesan el intestino y llegan al torrente sanguíneo. Desde allí pueden desplazarse hacia diferentes tejidos del organismo y, cuando alcanzan el cerebro o el sistema nervioso central, se desarrolla la neurocisticercosis.

Un aspecto importante es que esta infección no se adquiere directamente por comer carne de cerdo. El consumo de carne de cerdo cruda o poco cocida que contiene larvas puede provocar teniasis intestinal, mientras que la cisticercosis se produce al ingerir los huevos de Taenia solium.
La enfermedad puede permanecer silenciosa durante meses o incluso años. Cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas dependen de factores como la cantidad de quistes, su tamaño, ubicación y la respuesta del organismo frente a ellos.
Entre los principales síntomas se encuentran las convulsiones y los dolores de cabeza persistentes. También pueden presentarse problemas de equilibrio, alteraciones de la visión, confusión, dificultades de atención y otras manifestaciones neurológicas. En determinados casos, los quistes pueden interferir con la circulación del líquido cefalorraquídeo y provocar hidrocefalia.
La neurocisticercosis constituye una causa importante de epilepsia prevenible en regiones donde la enfermedad es endémica. La Organización Mundial de la Salud estima que está relacionada con alrededor del 30 % de los casos de epilepsia en zonas endémicas.
Para identificar la enfermedad, los especialistas pueden recurrir a estudios de imágenes como la tomografía computarizada y la resonancia magnética, además de otras evaluaciones clínicas. El tratamiento se determina de acuerdo con las características de cada caso y puede incluir medicamentos antiparasitarios, fármacos para controlar las convulsiones, corticosteroides y, en situaciones específicas, procedimientos quirúrgicos.
La prevención está estrechamente relacionada con las condiciones de higiene y saneamiento. El lavado frecuente y adecuado de las manos, el consumo de agua segura, la correcta manipulación de los alimentos y el adecuado manejo de las heces son medidas que ayudan a reducir la transmisión del parásito.



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