
Ankara.- Los líderes de la OTAN concluyeron ayer, miércoles, su cumbre de Ankara con resultados tangibles del aumento presupuestario en defensa al anunciar nuevos contratos con la industria por más de 50,000 millones de dólares, y sorteando una vez más con unidad los ataques del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a los aliados.
“Se percibía un gran sentimiento de unidad. Los aliados acogieron con gran entusiasmo el liderazgo del presidente Trump, que está transformando esta Alianza y haciéndola más fuerte”, indicó el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en una rueda de prensa tras la cumbre.
El exprimer ministro neerlandés volvió a demostrar sus dotes para lidiar con los ataques de Trump– con elogios a su labor para convencer a los aliados de que había que invertir más y, a su vez, destacando los esfuerzos que han hecho para incrementar sus presupuestos como es el caso de España, que el año pasado alcanzó el 2 % de su PIB.

El encuentro de los líderes comenzó con tensión por las críticas de Trump al Reino Unido, Italia o España por considerar que no le habían respaldado para atacar Irán, o contra Dinamarca, al reiterar que Groenlandia debería pertenecer a Estados Unidos.
No obstante, Rutte calificó el encuentro como “tremendamente exitoso”, y tanto él como Trump hablaron después de la unidad e, incluso, del “amor” que se respiró de puertas para adentro, según el mandatario estadounidense. “Es un unificador (…). No puedo pensar en nadie mejor para el puesto”, reconoció.
Rutte aseguró que la OTAN es un lugar en el que se pueden tener “debates acalorados” pero que eso, al fin y al cabo, es la “esencia de las democracias” y “nos hace más fuertes”.
La primera jornada de la cumbre, el martes, se centró en un Foro de la Industria de la Defensa en el que se anunciaron nuevas adquisiciones por valor de más de 50,000 millones de dólares (43,752 millones de euros).
El mensaje fue favorecer la innovación y producción conjunta con el lema “hecho en la OTAN” y una clara alusión a la importancia de la industria estadounidense.
Una unidad todavía frágil
La declaración final reafirmó el compromiso con el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que un ataque contra uno de los miembros será considerado un ataque contra todos.
Sin embargo, detrás de esa demostración de cohesión persisten diferencias sobre el reparto de responsabilidades, el financiamiento de la defensa y la estrategia frente a Rusia, China e Irán.
La cumbre de Ankara dejó claro que la OTAN continúa siendo la alianza militar más poderosa del mundo, pero también evidenció que su principal desafío ya no reside únicamente en las amenazas externas.
La incertidumbre generada por los cambios de posición de Washington y la necesidad de redefinir el equilibrio entre liderazgo estadounidense y autonomía europea seguirán marcando el futuro de la organización en un escenario internacional cada vez más complejo y multipolar.
Medio Oriente condicionó la agenda
La reciente escalada militar entre Estados Unidos e Irán también atravesó buena parte de las conversaciones.
La posibilidad de una prolongación del conflicto plantea riesgos tanto para la estabilidad regional como para el abastecimiento energético mundial.
Europa comienza a prepararse para una mayor autonomía
Uno de los mensajes que dejó la reunión es la creciente determinación europea para asumir mayores responsabilidades en materia de defensa.
El aumento del gasto militar, la expansión de la producción industrial y la financiación directa del apoyo a Ucrania muestran una tendencia hacia una OTAN en la que los países europeos buscan reducir gradualmente su dependencia operativa de Washington.
No se trata de reemplazar a Estados Unidos, sino de construir una estructura más equilibrada que pueda sostenerse incluso frente a eventuales cambios de orientación política en la Casa Blanca.



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