Bebemos vino gracias a la extinción de los dinosaurios, según un último estudio publicado en 'Nature Plants'

Curiosidades 01 de julio de 2024 Yerandi Santana Yerandi Santana
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Hace 66 millones de años, un gigantesco meteorito de unos 12 kilómetros de diámetro - lo que en la NASA se conoce como un "destructor total" - impactó contra La Tierra. El choque provocó un agujero de unos 180 kilómetros de anchura y una columna de humo tan alta que cubrió los cielos e impidió que traspasara la luz del sol. Popularmente, se habla del propio impacto del asteroide como la causa directa de la extinción de los corpulentos animales que poblaban la tierra en el período Cretácico: los dinosaurios. Pero los cambios en el ecosistema que provocaron las cenizas gases suspendidos, como la muerte de animales terrestres y marinos, también fueron determinantes.

Los animales que sobrevivieron a la era pos apocalíptica aumentaron su morfología para tener más resistencia ante las inclemencias climáticas. Otras especies, que no salían de sus madrigueras durante las horas de luz para no encontrarse con tamaños depredadores, comenzaron a interaccionar con el entorno en libertad. Y, en cuanto a los árboles y plantas, muchas de ellas no existirían de no haber desaparecido los dinosaurios herbívoros que las devoraban o aplastaban con sus enormes pezuñas.

Las uvas se expandieron tras el período Cretácico
Así lo ha determinado un último estudio publicado en Nature Plants en cuando a las milenarias semillas de las uvas. Varios investigadores han encontrado en Colombia, Panamá y Perú ejemplares de las mismas de entre 19 y 66 millones de antigüedad, justo el momento en el que se fechó el impacto de la roca y la posterior devastación de la fauna animal. Y, aunque no son las más antiguas halladas en el mundo, pues ésas se encontraron en La India, este descubrimiento revela el inicio de su expansión:

"Son las uvas más antiguas que se han encontrado en esta parte del mundo, y son unos millones de años más jóvenes que las más antiguas, que se han encontrado en el otro lado del planeta", apunta Fabiany Herrera, paleobotánica en el Centro de Investigación Integral Negaunee del Museo Field de Chicago y autora principal del artículo. "

El descubrimiento es importante porque demuestra que hasta después de la extinción de los dinosaurios, las uvas no se extendieron por el mundo". Por tanto, de su conclusión se extrae que el negocio de la uva, su exportación y la explotación de los viñedos para crear el vino, no hubiera tenido lugar de no haberse librado de las interferencias de los depredadores prehistóricos.

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